Escarbando en un empate algunos días descubres que debajo se esconde un triunfo. En jornadas de menos suerte constatas que solo es el disfraz de una derrota grisácea. El empate engaña. Es hasta tal punto así que, en ciertas facetas de la disputa humana, hubo que innovar el concepto de “empate técnico”, más elegante y riguroso que “casi empate”, que en el fondo es lo que significa. En una mayoría de ocasiones, por supuesto, no hay engaño posible, y un empate solo es un empate, insulso y casi inservible, hecho que conlleva una dosis obligada de frustración. Tú aspirabas a todo, o a mucho, pues carece de sentido soñar en pequeño, pero al final tienes que conformarte con la mitad. Aunque por otra parte un empate significa a menudo que respiras, estás vivo, lo que después de todo no está nada mal, por lo que hay que alegrarse. Coincidamos en que los empates representan siempre una delgada línea, muy quebradiza.
source Portada de Deportes | EL PAÍS https://ift.tt/2ORBzlF
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire