Si la victoria ya es (o al menos debería) ser el motivo principal para encarar cualquier partido, cuando además del objetivo es la única solución y se convierte en un bien de primera necesidad, lo normal es que asome en beneficio de alguno de los aspirantes. Inglaterra y Croacia debían prevalecer sobre el otro al final de los 90 minutos para continuar su trayectoria en la Liga de las Naciones, ya que por paradójico que resulte (gramaticalmente hablando) el reparto de puntos no iba a beneficiar más que a España, el tercer equipo en discordia. No salió victoriosa La Roja pues Harry Kane alargó el carrete de su selección cuando el partido se acercaba a la orilla y mandó a Croacia a la Liga B con su recién estrenada banda de subcampeona del mundo en Rusia. El delantero inglés lo celebró como si de un título se tratase ante un Wembley entregado que dio vuelo a una competición que si bien no reparte premios sí que testa voluntades y ensancha orgullos patrios.
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