El control social todavía funciona en un club que no es una sociedad anónima como el Barcelona, una excelente noticia para la salud de la institución y un revés categórico para Bartomeu. Los compromisarios evitaron que la junta pueda hacer lo que le dé la gana y reivindicaron su condición de dueños del Barça. Aunque hay dudas sobre su representatividad, más que nada porque la fiscalización del consejo queda en manos de 900 socios sobre 143.000, la asamblea ha sido el órgano soberano de la entidad, circunstancia que nunca obviaron los distintos consejos del Barça. La mayoría de presidentes han sido unos expertos en su control para aplicar su política tranquilamente desde el Camp Nou.
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