Tras la primera vez que acudió a entrenar con el primer equipo muchos de sus compañeros le miraron con asombro. No se creían que aquel chico en edad juvenil fuese tan complicado de sobrepasar. Alguno más curioso acudió a preguntar a los técnicos de la cantera y le explicaron que se trataba de un zaguero que evolucionaba igual por el lateral diestro que por el zurdo, sin que el rendimiento se resintiese. Y que en ocasiones, pese a superar por poco el metro y setenta de estatura, le alineaban de central por su capacidad para el marcaje y anticipar al rival. “¿Viste que patazas tiene?”, le cuchicheó uno de los veteranos más observador a otro inquilino de la caseta del Celta. Jonny Castro Otto (Vigo, 1994) asombró desde el primer día. Por la potencia de su tren inferior, por condiciones, rendimiento, regularidad y naturalidad para comportarse como un experto cuando apenas era un niño. “Tenemos que irle preparando porque es el sustituto natural de Hugo Mallo”, explico Paco Herrera cuando le llamó por primera vez a una convocatoria del primer equipo. Acababa de cumplir la mayoría de edad. Aquel verano de 2012 se proclamó campeón de Europa sub19 con un equipo en el que también estaban Kepa, Suso o Paco Alcácer, pero en el que los focos apuntaban a Jesé, Deulofeu y Oliver Torres. Al frente estaba Julen Lopetegui.
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