dimanche 7 octobre 2018

¡Esto no es fútbol!

Llegó un día en que si las cosas eran lo que parecían nos creíamos ligeramente defraudados. Nos sentíamos como si acabasen de decirnos algo que ya sabíamos, y obvio. Menudo atraco. Nos merecíamos eso que se llama «la sorpresa final», en la que, de repente, las certezas quedan en suspenso y lo inventado apunta a la posibilidad de que en el fondo no lo sea. Se supone que no puedes imaginarte que las cosas resulten ser de cierto modo, y eso dispara su encanto. Teníamos derecho a que las historias, en el momento de acabar, nos dejasen con la boca abierta. El boquiabierto es alguien felizmente engañado.

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