dimanche 14 octobre 2018

Doblete de Toyota en Fuji con Fernando Alonso, segundo

Desde que debutó en la Fórmula 1 en 2001 al volante de aquel inconducible Minardi y a lo largo de toda su trayectoria como unode los miembros más destacados de la parrilla de Fórmula 1, Fernando Alonso ha demostrado ser tan tremendamente habilidoso en las decisiones que tomó dentro de la pista, como errático y desacertado cuando salía de ella. Solo así puede entenderse su huida de McLaren a finales de 2007, cuando Lewis Hamilton, por entonces un novato, logró sacarle de sus casillas y hacerle perder el foco. Los dos años que pasó en Renault (2008 y 2009), metido en un monoplaza con el que sabía de antemano que no podría pelear por el triunfo en condiciones normales –se impuso, fueron tiempo totalmente desperdiciado por el piloto que acababa de ser capaz de romper la implacable dictadura de Michael Schumacher. El paso de Alonso por Ferrari (2010-2014) dejó rabia y frustración, al margen de dos subcampeonatos que para alguien de los estándares del español no debieron satisfacerle para nada. Y luego vino el declive. El regreso a McLaren, un fichaje que se vendió como el mayor de sus deseos cuando en realidad, como le quedó claro a todo aquel que quiso verlo, de lo que se trataba era de agarrarse al único clavo ardiendo que quedaba para seguir corriendo. 

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