Primero fue ante el Athletic. En el minuto 55, el colegiado auxiliar enseñó la tablilla con el número 22, señal de que debía abandonar el tapete. Entonces, Arturo Vidal cerró los ojos y ladeó la cabeza para expresar un malestar que trató de gestionar en el banquillo, por más que hubiera chocado las manos con Messi, que entró para arreglar el desaguisado y provocar el empate final con una asistencia a Munir. Pero su explosión llegó en el último encuentro ante el Tottenham, cuando Valverde recitó la alineación titular y colocó a Arthur por delante de él. El posterior desaire del chileno explicaría que, por el momento, no sabe jugar en equipo. Al menos en el Barcelona.
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