Acogotado ante la enorme figura de Dmitrovic y anquilosado en un sistema de juego que no le permite navegar sin miedo, el Atlético se salvó del naufragio ante el Eibar gracias al gol de un canterano, Borja Garcés, en el último minuto del partido. Fue el chaval el encargado de lograr un empate que no disimula la situación de un equipo inmerso en una crisis de ansiedad perenne. De todas las variables con las que se ha reforzado este verano tuvo que ser un fichaje exprés del filial el que impidiera que el agua terminase por llevarse por delante a un equipo que no entiende lo que le sucede. Si bien el acierto del meta serbio del Eibar y la mala fortuna en forma de postes evitaron una travesía algo más distendida, el funcionamiento perfectamente descifrable de su juego es hoy una apuesta con fácil réplica. Se la encontró el conjunto armero durante gran parte del partido, incluso pudo llevarse la victoria gracias a un cabezazo de Enrich que congeló el corazón de una afición perpleja.
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