Mientras la tormenta eléctrica descargaba sobre Nueva York, en la central de Flushing Meadows caía un torrencial de derechas sobre Anastasija Sevastova, que comenzó muy bien, con una falsa ilusión, y terminó desencajada porque a Serena Williams le vino la inspiración, y a partir de ahí la despellejó como a una fruta madura. Sesteó un par de juegos la estadounidense, lo justo como para tomar impulso y emprender el festín (6-3, y 6-0, en 65 minutos) que la condujo a la final del US Open, y restó así otra ronda a la cuenta atrás: si vence en la final del sábado (16.00, Eurosport), igualará definitivamente el récord de 24 grandes de la australiana Margaret Court. Es decir, Serena está a un solo paso de cerrar un círculo prácticamente inimaginable.
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