El abrazo de Joaquín con Quique Setién a la conclusión del derbi simbolizó de manera perfecta el estado de ánimo del Betis, que se impuso al Sevilla en su estadio 12 años después. Un técnico que le ha dado un estilo a un equipo en crecimiento y un futbolista genial, insuperable, que 16 años después volvió a marcar en un derbi. Un Joaquín que hizo vibrar a los más de 50.000 béticos que lo adoran como un dios, que lo veneran como uno de los más grandes de su historia. Joaquín, que había estado toda la semana entre algodones, salió al campo en medio del griterío ensordecedor de su gente. En cinco minutos, voló en el área del Sevilla para cazar un gran balón de Mandi. Un tanto que hizo que Joaquín reinara en el derbi para acabar con un Sevilla serio, pero bastante mermado después de la expulsión de Roque Mesa. El centrocampista canario, bastante nervioso todo el encuentro, se interpuso en un saque de Pau López. El portero se tiró encima de su rival y se la jugó. El premio fue máximo. Segunda amarilla a Roque Mesa y giro decisivo a un derbi hasta entonces bastante igualado. El Sevilla, lento, con un punto menos de grandeza que en anteriores derbis, no pudo sostener el acoso bético en inferioridad durante más de media hora. Emergió Joaquín y la felicidad se desató en verdiblanco.
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