Mariano Díaz es de ese tipo de futbolistas a los que difícilmente se les encuentra alguna semejanza en los caracteres que muestra fuera y dentro campo. En su día a día es una mezcla de ambos, un muchacho tranquilo, introvertido en público y arraigado a su entorno de Premiá del Mar, pero con el trabajo y el deseo de triunfar en el fútbol como objetivos primarios. Ayer, ante la Roma, en su reaparición como jugador del Real Madrid, Julen Lopetegui y el Santiago Bernabéu liberaron su instinto más animal. El entrenador vasco le introdujo en el campo en el minuto 72 y el atacante solo necesitó un disparo para asestar su primer zarpazo. Mariano cerró la goleada y puso el broche de oro a su retorno, envuelto en una atmosfera a la altura de una estrella de primer orden, con un gol de bandera. Un zapatazo lejano directo a la escuadra con un golpeo de folha seca, el remate más característico de su antecesor en el dorsal 7, Cristiano Ronaldo.
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