Acaba el entrenamiento; los futbolistas se van a la ducha. En la puerta, por donde salen sus vehículos, esperan los aficionados. Uno de ellos se queda hasta muy tarde. Quiere una foto con Óscar De Marcos (Laguardia, 1989). El jugador del Athletic se retrasa, pero al final aparece, como siempre, sonriente y simpático con los seguidores. Intercambian unas palabras. De Marcos se queda firmando algún autógrafo más y el hincha, satisfecho, enfila hacia la salida, con rumbo a la estación de tren de Lezama para volver a casa. Camina por la cuneta. Le adelanta un coche, que unos metros más adelante se para. Cuando llega a su altura baja la ventanilla. Es el futbolista: “¿Vas a coger el tren a Bilbao?”, le pregunta. “Sube, que te llevo”.
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