En el tenis, como en el fútbol, si corre la bola no corre el jugador. De ahí que los dos sean deportes de éxito: siempre triunfa el juego. Cuanto más corra la bola, menos corre el jugador. Roger Federer ha salido muchos partidos de la pista como si saliese de la cama, sin molestarse en sudar. A donde no le llegaban las piernas le llegaba el talento, como esos duelos en los que Messi se va del campo dejando un hat-trick y regalándole a su marcador una camiseta que parece que la acaba de comprar en la tienda oficial. “¡No la lavaré nunca!”, dice el defensor llegando al vestuario. No te preocupes, no hace falta.
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