Situados justo encima de la bocana del vestuario, el millar de aficionados del Atlético desplazados a Tallín jalearon a Simeone cuando le vieron entrar en el palco al que le condenó la UEFA por la sanción que arrastra de la temporada pasada por insultar al colegiado francés Turpin en la ida de las semifinales de la Liga Europa. Poco antes, los jugadores rojiblancos habían buscado deliberadamente el último aliento de su afición aprovechando su ubicación. Los videomarcadores señalaban que el tiempo de calentamiento había concluido, pero permanecieron en el campo para no coincidir con los jugadores del Madrid en la entrada a la caseta, al que les cayó la misma lluvia de improperios que antes se había llevado Thibaut Courtois.
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