En cierto modo es normal que haya una corriente que considere el panorama actual del Mundial de Resistencia (WEC) un campeonato un punto desbravado dada la falta de competencia con la que se encuentra Toyota, único fabricante con equipo propio en el certamen. La progresiva deserción en los últimos años de marcas como Peugeot, Porsche o Audi ha dejado al constructor nipón como punta de lanza de esta disciplina. Eso no quita, sin embargo, que entre los dos coches oficiales no puedan jugarse los triunfos con el mismo nivel de libertad que hay entre los dos monoplazas de una escudería de Fórmula 1.
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