Camino al estadio, con una humedad y un calor achicharrante, los tangerinos dedicaban un grito a modo de pregunta a cualquier aficionado que suponían que no era marroquí, seguido de una exclamación. “¿Barça?”, inquirían primero con una sonrisa. Y, si la respuesta era asertiva, completaban: “¡Messi!”. Dos palabras que transmitían una pasión exacerbada como se demostró en el campo.
source Portada de Deportes | EL PAÍS https://ift.tt/2w1ZSpD
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire