Andaba entretenido el aficionado de a pie con asuntos harto interesantes, tales como comprobar si Gareth Bale, ese individuo que no es capaz de marcar un gol sin que sea un golazo, está en condiciones de hacer olvidar (a quien no le haya olvidado ya) a Cristiano en el Madrid; o con el repentino fichaje de Arturo Vidal por el Barça, en lo que se antoja un cambio de discurso en el equipo azulgrana, pues el chileno parecerse, lo que se dice parecerse, al inolvidable Iniesta, pues va a ser que no. Y ello por no hablar de lo que supone para el VAR que Vidal y Luis Suárez convivan en el mismo equipo. Sin embargo, nada de lo dicho era comparable a la noticia de que Barack Obama, sí, han leído bien, aplaudía la decisión de Luis Rubiales de despedir a Julen Lopetegui como seleccionador días antes del pasado Mundial. Así lo desveló el propio presidente de la federación, que dejó estupefacto a su auditorio al asegurar que el expresidente de los Estados Unidos, hombre docto y, por tanto, conocedor de los problemas que acechan a la humanidad, y el de los designios de la selección española lo es, no se atrevan a negarlo, le había felicitado por su súbita decisión.
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