“Parecéis leones, a la caza…”, bromeaba Óscar Husillos rodeado por los compañeros de la prensa española. Su sonrisa de oreja a oreja era el final feliz de la impaciencia con la que había esperado la semifinal, paseando arriba y abajo por su calle, la 4, mientras otros atletas preferían sentarse para aguantar el bochorno que caía durante todo el día en Berlín.
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