No es tanto que el Sevilla haya perdido ya cinco finales desde que levantara su quinta Copa de la UEFA en Basilea ante el Liverpool en 2016 (dos de la Copa del Rey, dos de la Supercopa de España y una de la Supercopa de Europa). El debate que se cierne en torno al equipo andaluz es más profundo. Si bien la derrota por 1-2 ante el Barcelona en Tánger no tuvo nada que ver con la debacle en la final de Copa de abril (5-0), puesto que el cuadro andaluz compitió hasta el final, el proyecto que lidera Machín llegó bastante indefinido a la cita con el Barcelona a pesar de que lleva tres semanas compitiendo de manera oficial. Así, en el once inicial solo se alinearon tres de los siete fichajes (el portero Vaclik, el defensa Sergi Gómez y el centrocampista Roque Mesa), mientras que dos jugadores por los que el Sevilla ha pagado 30 millones de euros, los franceses Amadou y Gnagon, no jugaron ni un solo minuto. Mientras Machín afina su intocable sistema de tres defensas y dos carrileros, el futuro no está nada claro en torno a dos jugadores básicos en la plantilla, caso de Ben Yedder y N'Zonzi.
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