A principios de 2017, un médico inglés se rindió ante la lesión del pie derecho de Santi Cazorla, aún en el Arsenal, con un pronóstico que parecía dirigido a un veterano de guerra: si vuelves a caminar por el jardín con tu hijo, date por satisfecho. Algo más de un año después, el pasado 9 de agosto, el mago Yunke hizo aparecer al futbolista en una urna repleta de humo sobre la hierba del Estadio de la Cerámica. Después de los discursos por su presentación como jugador del Villarreal, hizo entrar a su hijo, Enzo, que le lanzó una pelota. Cazorla la elevó con un control, dio unos toquecitos, la envió hacia arriba de espuela y la recogió con las manos sin apenas mirarla.
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