Por si fuera poco el bochorno de competir a 34 grados a las once de la mañana, Ana Peleteiro tuvo que esperar media hora aún para dar su primer salto, 14 metros y 27 centímetros que la catapultaron directamente a la final de triple. El sistema de medición electrónica se estropeó nada más comenzar la eliminatoria y Peleteiro tuvo que refugiarse del castigo del sol en unas casetas diminutas, tapándose ella y el resto de atletas con toallas, gorras, con lo que podían. Pero ella se lo tomó con filosofía. "En otras circunstancias me hubiese dado un ataque de nervios", dice la atleta gallega constatando el cambio en la mentalidad que le proporciona en parte la larga experiencia internacional que acumula con tan solo 22 años.
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