El golf es un deporte tan particular que uno de los duelos más famosos de su historia ni siquiera aparece en las hemerotecas oficiales. Brotó de la imaginación del escritor Ian Fleming y se disputaba en el emblemático Royal St. George’s Golf Club, uno de los nueve campos que componen la actual rotación del Open Británico. Allí derrotaba James Bond al perverso joyero Auric Goldfinger, aunque la recreación cinematográfica se filmaría en el londinense Stoke Park Club. Sean Connery, tan duro y escocés como Carnoustie, necesitó varias semanas de clases para ajustar su swing al del jugador competente que exigía el papel, y desde entonces se volvió en un enamorado de este deporte. "Se apoderó de mí", escribiría en una biografía publicada en 2008. "El golf es una metáfora de la vida: juegas solo, compitiendo contra ti mismo y tratando de hacerlo cada vez mejor. Si haces trampa, pierdes, pues te estarás engañando a ti mismo".
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