Hace un verano, cuando Neymar se marchó del Barça seducido por los petrodólares del PSG y la posibilidad de ser el único 10, desde el Barça se autoimpusieron el verbo “compactar” para que entre todos se ocupara el vacío que dejó un jugador tan determinante como el brasileño. Digerido su adiós, fichados Dembélé y Coutinho para rebajar la inicial crispación y la consiguiente preocupación de la masa social, y asumido el no de Griezmann, el área deportiva decidió que desde este verano se debía volver a los orígenes y reformular los fichajes y el modelo, porque el equipo se había alejado de sus raíces. Arthur es el ejemplo —como también lo es Lenglet, un central de corrección con facilidad para sacar la pelota limpia desde atrás como se exige en el Camp Nou— y así lo reivindicó él mismo. “Siempre ha sido mi sueño jugar en el Barça”, se arrancó con una frase más que manida. Pero añadió: “Creo que tengo las características para jugar aquí”. Algo nada baladí.
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