La alianza espontánea generada entre dos adolescentes imberbes en la primavera de 2008 fue considerada como el augurio de un futuro esplendoroso en las categorías formativas de la Confederación Brasileña de Fútbol. Mientras la cúpula de la CBF otorgaba poderes a Dunga como seleccionador, en la base de la pirámide formadores sensibles y capaces trabajaban para potenciar las raíces ancestrales del fútbol brasileño.
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