El duelo de semifinales entre Rafael Nadal y Novak Djokovic, dividido en dos episodios, se desarrolló en una circunstancia anómala porque tuvo lugar con la central techada tanto en la noche del viernes como en la prórroga del sábado. Una situación que se aplica, según la tradición de Wimbledon, cuando interviene la lluvia o bien no hay la suficiente luz como para que el juego pueda tener continuidad. En esta ocasión, el desencadenante no fue la una ni la otra, sino el retraso que generó el kilométrico partido del viernes entre Kevin Anderon y John Isner, estirado hasta las 6h 36m.
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