Los periodistas belgas y británicos le observaban admirados. Ahí había un tipo que pisaba la boca del lobo seguro de sí mismo. En realidad, el seleccionador de Bélgica intuyó que el lobo era perro guardián. Si bien Brasil llevaba 18 partidos oficiales sin perder, bajo el manto de virtuosismo se tapaba un problema estructural grave. El técnico observó que en las transiciones de ataque a defensa, Coutinho y Paulinho, los supuestos interiores que debían escoltar a Fernandinho, regresaban tarde de sus posiciones de ataque. Si Marcelo y Fagner, los laterales, subían también, a los costados del mediocentro se creaban dos autopistas sin peaje. Ahí había que acosarles.
source Portada de Deportes | EL PAÍS https://ift.tt/2NyvIlP
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire