dimanche 1 juillet 2018

La hora de la revolución belga

Cuando llegó al banquillo de la selección, segundo extranjero en el puesto en los últimos 60 años –el holandés Dick Advocaat fracasó en 2010-, Robert Martínez recibió feroces críticas, incluso la de los propios jugadores como el líder De Bruyne, que le acusaron de querer cambiar una fórmula que funcionaba porque el equipo había alcanzado en 2015 el zénit del ranking FIFA, por más que tampoco brillara en los grandes torneos, acaso los cuartos de final en Brasil 2014, cuando cayeron ante Argentina. Reclamaba el país que regresara Marc Wilmots, que las patentes de Martínez no tenían recorrido. Se equivocaron todos menos él, que ha logrado dar sentido al fútbol de la denominada Generación de Oro belga a partir del 3-4-2-1 porque comprendió que no tenía laterales de recorrido sino extremos que podían actuar de carrileros. Fórmula que funciona de rechupete en Rusia porque culminó la fase de la liguilla con tres triunfos y máxima goleadora, nueve tantos repartidos entre Panamá (3-0), Túnez (5-2) e Inglaterra (1-0), ahora rival en octavos contra Japón.

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