Entre las turbulencias de Rusia 2018 destaca algo que no ocurrió: Griezmann se negó a festejar su gol ante Uruguay. Esta seña de respeto suele ocurrir cuando un futbolista le anota al equipo en el que militó antes y así reconoce a la afición que una vez gritó su nombre y a la directiva que le pagó su Maserati. Lo insólito es que suceda en un Mundial, donde los legionarios tatuados en varias patrias tienen la ilusión de pertenecer a un país.
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