dimanche 1 juillet 2018

Iniesta, señalado como Xavi y Casillas en plena competición

El destino de los tres próceres máximos de la selección española parece conducir al banquillo. Con lo que eso supone en el código del fútbol, donde la suplencia repentina en un torneo lanzado equivale al castigo público, más aun cuando se trata de un jugador de jerarquía. Puskas, Pelé, Cruyff, Maradona, Ronaldo Nazario y Zidane, los gigantes que precedieron a la gran generación española en la historia del fútbol, gozaron de todos los minutos con sus selecciones en el campo de juego. Compitiendo. En su ley. Como merecía su contribución. Pero España fue y sigue siendo diferente. Primero descabezaron a Xavi, el estratega, el ideólogo, en el Mundial de 2014; después sentenciaron a Casillas, el capitán, en plena Eurocopa de 2016; y finalmente apuntaron a Iniesta. La imagen cabizbaja del héroe de Johannesburgo caminando por los pasillos del estadio Luzhniki, pálido y triste como un reo, se inscribirá en los anales de los días más penosos de La Roja.

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