Por fin Inglaterra. Tuvieron que pasar cerca de 30 años para que Los Tres Leones vuelvan a jugar los siete partidos de un Mundial. A Gareth Southgate, tan elegante frente al espejo como astuto en la pizarra, le salió bien la especulación en la fase de grupos. Tiró el último duelo ante Bélgica, para meter a su Inglaterra en el lado amable de la llave. Receta de éxito para los británicos, sufrida victoria en octavos ante Colombia en los penaltis, plácido triunfo frente a Suecia en los cuartos y ya en semifinales de un Mundial por segunda vez en su historia y primera desde 1990. La llave a un partido plomizo, táctico y disputado estaba, una vez más, en la estrategia. No falla Inglaterra a balón parado. Abierta la lata, los chicos de Southgate dominaron a una Suecia que no cuenta con más armas que el amor propio y una defensa fiera. Nada que hacer ante la renacida Inglaterra.
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