Los mosquitos, una plaga en estos contornos del Volga, salieron del pantano que linda con el estadio de Kazán atraídos por la luz blanca. Neymar Júnior se los espantaba como podía. Parecía a punto de llorar, picoteado y solo, en medio del manto de hierba, en cuclillas, instantes después de la eliminación de Brasil de la Copa del Mundo.
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