La noche anterior, Saúl Ordóñez, un atleta feliz, bromeaba cenando acompañado de su mánager, Miguel Mostaza. “Me estoy poniendo…”, decía. “Comiendo como nunca”. Hablando más serio, no negaba que se encontrara bien, pero no sabía qué iba a salir de su 800m en la Diamond League de Mónaco. “No sé, he bajado ya dos veces este año mi mejor marca [el 30 de junio la había dejado en 1m 44,36s, la mejor marca europea del año], y tengo que llegar bien a Berlín, a los campeonatos de Europa, donde, si quiero ganar, tendré que volver a mejorar mi marca…”
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