Fueron tres días intensos, con reuniones en la empresa de Chen Yansheng en Guangzhou, también en su lujosa casa de Shantou. Allí, la comitiva del Espanyol –compuesta por el técnico Rubi, el director general corporativo Roger Guasch, el director general deportivo Óscar Perarnau y con el consejero Mao Ye- abrió junto al presidente tres carpetas para redefinir las líneas maestras del club, para que no haya equívocos como ocurrió con Quique Sánchez Flores, que en una reciente entrevista a Jot Down tilda al proyecto de fantasma, confiesa haber sentido frustración y censura el rendimiento de varios jugadores entre otras cosas, por más que omita que decidió continuar cuando supo las restricciones económicas y que forzó sin éxito la opción de irse al Stoke City a mitad de curso. Así, en China se dibujó la escaleta para el entrenador –más que nada querían conocerse-, el primer equipo y el filial; también se aclararon los puntos a seguir sobre el funcionamiento de la secretaría técnica, escuelas, servicios médicos, fútbol base y femenino; y por último se trató lo que no es deportivo como el plan de mercadotécnica, social, de seguridad… Una puesta al día junto al presidente, a quien ven “enchufadísimo” en todo lo que respecta al Espanyol y que dio una directriz inamovible: todas las decisiones que se tomen de ahora en adelante deben tener visión de futuro porque el club debe ser autosuficiente hasta que se levante la ley china que impide invertir capital en empresas extranjeras, con la especificidad incluida de los clubes de fútbol.
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