El verano más melancólico de la historia del calcio italiano, la primera vez en 60 años que la Nazionale se quedó fuera de un Mundial, ha visto caer un meteorito en Turín. El fichaje de Cristiano Ronaldo, anunciado ayer por la tarde, revoluciona desde el primer minuto la burguesa y tranquila capital piamontesa. Pero también es una inyección de adrenalina en el corazón de un paciente terminal como la Serie A. CR7 tiene 33 años y, probablemente, ha dado ya lo mejor de su fútbol, asume la Juve y el país entero. Pero para un campeonato acostumbrado a ver hacer las maletas a sus estrellas –lo normal este año hubiera sido despedir a Dybala rumbo a otro país-, su llegada revitaliza este espectáculo: desde las gradas, a los contratos comerciales que languidecían. La Juve vuela en Bolsa y hasta ayer se mantuvieron congeladas las negociaciones de varios grandes acuerdos a la espera de cómo podía subir el precio. Todo el mundo quiere sacar tajada del gran negocio.
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