-Visto lo visto y comparada con otras selecciones de este Mundial, España no jugó a la ruleta rusa sino a la ruleta rosa- sentenció Martín Girard antes de que yo pudiera abrir la boca- Tal fue la desidia con la que, a balón dormido y a pie parado, los nuestros tocaron las pelotas en Moscú que la sola palabra tiquitaca me sugiere una pueril asociación con el Titicaca de los Andes, y no sólo por sus pestilentes aguas contaminadas sino por las connotaciones de su nombre. Mejor será olvidar cuanto antes el paso de la Roja por la Plaza Roja y el ridículo previo que todavía nos sonroja.
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