Detrás de los historiales, la mercadotecnia y los personajes, la pista es el único baremo fiable. No hay nombre ni estatus que valgan. Sobre el cemento, la hierba o la arcilla no hay trampa ni cartón. Solo tenis. Y en estas, el duelo que enfrentó a Garbiñe Muguruza y a Maria Sharapova ofreció un diagnóstico contundente: hoy día, la rusa está muy lejos de la jugadora que conquistó cinco grandes y también lo está de su contrincante. Sharapova ya no es aquella Sharapova, ni mucho menos, y Muguruza, aplicada, seria y centrada durante estas dos semanas en París, vuelve a ser la Muguruza que se crece cuando tiene un ochomil por delante. Atadas las semifinales (6-2 y 6-, en 1h …m), ahora el límite solo puede marcarlo ella misma, la tenista que cuanto mayor es el desafío mejor compite y más se entona.
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