Al pie de la gigantesca estatua de Lenin que preside la entrada principal del estadio Luzhniki acampaba una contrarrevolución consumista. Los puestos de cerveza y refrescos americanos, atiborrados de hinchas que bailoteaban al son de un Dj que hacia retumbar una hipnótica música electrónica, ocupaban el espacio alrededor del líder homenajeado.
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