Prácticamente a la misma hora, como contraprogramados, Julen Lopetegui se adentraba en el aeropuerto de Krasnodar para tomar un vuelo rumbo a España mientras Fernando Hierro, su sucesor en el cargo, comparecía en su presentación como nuevo seleccionador. A uno se le veía alicaído, al otro con gesto de tremendas circunstancias. "Estoy muy triste", reconocía el guipuzcoano. "No podía decir que no, no me lo perdonaría. Es un reto apasionante. Las circunstancias son las que son y a partir de ahí acepto la responsabilidad con valentía, como no puede ser de otra forma", aseguraba Fernando Hierro, el hombre al que acudió Luis Rubiales tras cesar a Lopetegui por su fichaje por el Real Madrid a tres días de comenzar el Mundial. Una "traición" irremediable para el nuevo dirigente de la Federación.
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