Como si se tratara de un partido completamente distinto, tanto por las condiciones meteorológicas como sobre todo por la disposición de salida de uno y otro, Rafael Nadal volteó a Diego Schwartzman (4-6, 6-3, 6-2 y 6-2, en 3h 42m) y selló su presencia en las semifinales de Roland Garros. Se reanudó lo que no se pudo cerrar el día anterior por la lluvia y todo cambió. Hoy era el argentino al que le pesaba un quintal la raqueta y el que había perdido la lucidez de ideas, mientras que al número uno le vino de perlas la suspensión. Retornó a su hotel y el sueño le devolvió la clarividencia y la pegada. La tarde previa, a Schwartzman se le había escapado un tren que no pasa dos veces, el de un Nadal aturdido, y se topó con el balear en su modo indestructible.
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