Ya de por sí educados, los camareros del Hotel Intercontinental de Marsella se desviven en atenciones hacia Andoni Zubizarreta, el director deportivo del OM, la persona que ha configurado un equipo que ha vuelto a una final europea (frente al Atlético) tras 14 temporadas en el ocaso internacional. Le preparan una mesa a pesar del lleno del local, le escogen la copa de vino blanco y le recomiendan el pescado al tiempo que todas las mesas ponen uno o dos ojos en su figura. A Andoni no le gusta la fanfarria ni las estridencias, sino que siempre se definió por su trabajo, por una serenidad inflexible por más que lo ganara todo desde el césped y fuera de él con el Barça. Ahora busca su espacio en Marsella, una ciudad tan vehemente y pasional que quizá necesitaba su punto de imperturbabilidad para alcanzar el éxito.
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