Italia derribó los muros de sus manicomios hace justo 40 años y entregó a la sociedad civil el cuidado de la salud mental. La ley Basaglia, una revolución legal sin precedentes para el tratamiento de estos enfermos, cambió para siempre la visión de un universo social oculto hasta entonces entre paredes acolchadas. Cuatro décadas después, todavía hay trastornos que pueden diagnosticarse con claridad y otros que requerirían todo un simposio de barra de bar. Stefano Bono, esquizofrénico, uno de los chavales que se cruzó el mundo y se fue hasta Japón hace dos años para jugar el primer Mundial de enfermos mentales, lo resumía así:
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