En el campo de golf Jon Rahm es una bomba de relojería andante, una tonelada de energía interior incandescente, que pocas veces llega a estallar porque transporta en su interior su propio mecanismo de desactivación. Y el mundo, y los aficionados que le aclaman como el nuevo Seve Ballesteros, el último genio del golf mundial, lo agradece.
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