Dice Eddy Merckx, la gran referencia del ciclismo mundial, que cuando tuvo que pedalear por primera vez en los execrables adoquines del bosque de Arenberg, su única obsesión era acabar cuanto antes con el suplicio. Su sufrimiento fue tan grande, su miedo tan fuerte encima de la bicicleta que decidió acelerar la marcha para acortar el dolor. Le temblaba todo, las piernas, los brazos, el corazón… Su ataque de ansiedad duró un poco más de cuatro minutos y le provocó un efecto inesperado. Merckx acabó ganando la carrera. Era su primera París-Roubaix. Era también la primera vez que los organizadores franceses incorporaban el que iba a convertirse en un mítico tramo de pavés de la gran carrera de las piedras. Ocurrió justo hace 50 años, en el año 1968.
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