A juzgar por la intensidad, la presión, la velocidad y la lucha, se diría que la Real se jugaba el descenso y la Unión Deportiva, una vacaciones en el mar. Y claro, si a la Rea le das unos metros de respiro, no le aturdes con la presión y le rascas un poco el ánimo, el concierto el equipo de Imanol suena a las mil maravillas. Januzaj y Canales eran violines afinados, el cántabro jugando en la media punta con libertad de movimientos, el belga arrasando la banda derecha con la suavidad que se arrasa un campo de setas. Si no fuera por la velocidad que imprimían a sus acciones parecería que jugasen en plena ingravidez.
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