Como aficionado al fútbol estoy acostumbrado a morir varias veces en la misma temporada, forma parte del oficio, pero fallecer dos veces en una sola noche es demasiado castigo incluso para quienes nos hemos acostumbrado a coquetear con los caprichos de la Patrona desde la más tierna infancia. Y es que, por increíble que parezca, no es la primera vez que asisto a la doble defunción de una misma persona –soy gallego, aquí hemos visto de casi todo- pero una cosa es vivirlo de cerca y otra es sentirlo en carne propia, que fue lo que sucedió ayer con las eliminaciones de Pep Guardiola primero y del Barça después.
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