La derrota del Barça en Roma se puede explicar de manera coyuntural, como si hubiera sido un mal partido en el peor momento de un equipo que solo había perdido tres encuentros de los 51 disputados desde la Supercopa, tan sólido y solvente que únicamente había encajado tres goles en nueve partidos de la Champions. La alineación que perdió precisamente por 3-0 era al fin y al cabo la misma que ganó por 4-1.
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