Al Barça le costará jugar la final de Copa porque la temporada se le está haciendo muy larga desde que se le dio por campeón de Liga sin serlo todavía y por la sorprendente eliminación de la Champions. No es fácil levantarse después de la caída de Roma. A la afición le ocupa la simbología y el protocolo del Wanda, no le será fácil a la directiva encontrar su sitio en el palco mientras suena el himno de España y tiene un ojo puesto en la grada y el otro al campo, y al equipo se le ve fatigado por el desgaste que comporta haber disputado hasta el último día una competición como la que afronta mañana en Madrid. A la Copa se le culpa de pasar factura y haber causado la eliminación de Europa.
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