Perder el pasado verano la Supercopa de España contra el Madrid y en el Bernabéu dejó muy tocado al Barcelona. No solo por el rival y el escenario, también por el resultado (un 5-1 global) y las formas. Se intuyó un fin de ciclo. Una debacle. Un cambio de rumbo. “Aquella semana estábamos todos liquidados, el entrenador, el utillero, el jefe de prensa, todos”, recordaba este sábado Ernesto Valverde, el técnico, que pasó del estado líquido al gaseoso para insuflar energía a su equipo y recuperarlo para la causa.
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