El mapa de la pasión que genera el deporte conoce de enclaves ricos en orgullo, tradición y arrebato. De entusiasmos que crecen y se mantienen vivos no tanto en la victoria como en la debacle. De colores y enseñas que forman parte de las señas de identidad de ciudades de esas en las que se dice que nunca pasa nada. Y pasa mucho. En Lugo, bimilenaria y cabecera de una de las trece provincias españolas que nunca vieron fútbol de la máxima categoría, la gente late con el Breogán, algo más que un equipo de baloncesto, el emblema que lleva el nombre del padre mitológico del pueblo gallego y los colores del cielo, que coinciden con los que cruzan el blanco de su bandera. No hay una entidad o institución en Lugo que se haya empastado más con la sociedad que ese equipo que ya jugó 22 de sus 52 años de existencia en la máxima categoría y ahora llevaba doce sin catarla. Pero está de vuelta. Este viernes ganó (93-89) al Sammic Iraurgi guipuzcoano y selló su pase a la ACB tras doce años de abstinencia cuando aún restan dos jornadas por jugar. No fue una noche más en Lugo.
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