“Lo intenté con el surf, pero prefería jugar a las cartas con los viejos”. Daniele De Rossi (Roma, 34 años) pasaba los veranos de adolescente en Ostia, una localidad costera a unos 30 kilómetros de la capital de Italia. Pero a diferencia de sus amigos, ni escuchaba a los Red Hot Chili Peppers o a Rage Against the Machine, ni le tiraba eso de estar subido encima de una tabla. Era más de pasar el tiempo en una carpa de la playa propiedad de su familia intentando que no le hicieran trampas señores de 70 años.
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